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¿Qué es de verdad la hipnosis clínica?

Cuando hablo con gente fuera del ámbito de la psicología sobre la hipnosis, las reacciones suelen ser una mezcla entre interés y desconfianza. Lo primero que les viene a la mente es algún espectáculo de la televisión donde un supuesto hipnotizador sube a un grupo de personas al escenario y les hace comportarse de alguna forma ridícula con el simple objetivo de entretener a la audiencia.

 

Espero que este post sirva para distinguir la hipnosis clínica, que utilizamos algunos psicólogos en nuestras consultas, con la “hipnosis espectáculo”, por llamarlo de alguna manera.

 

La hipnosis clínica es un procedimiento de intervención basado en técnicas de sugestión. Se trata de que el terapeuta, utilizando diferentes tipos de sugestiones, ayude a la persona o paciente a generar en su imaginación la experiencia problema, así como a detectar las emociones, los pensamientos, reacciones fisiológicas, etc., asociados a dicha experiencia con el objetivo de influir en la percepción, los sentimientos, pensamientos y comportamientos y facilitar el cambio.

 

La hipnosis no es magia, pertenece al campo de la psicología científica, no es lo que se ha podido ver en algún momento en televisión. Existen muchas  creencias erróneas sobre las la hipnosis clínica, en gran parte fomentadas por los medios de comunicación, Por esto, es importante dejar claro que:

  • La hipnosis no deja a la persona enganchada en un trance, tiene una fase de inducción, otra de trabajo y otra de finalización o salida del trance.
  • La hipnosis no elimina el control voluntario de la persona, el hipnotizado no hace o dice nada que no quiera.
  • La hipnosis no es una solución mágica a todos tus problemas. La hipnosis no es una terapia psicológica, sino una técnica que se une a otras intervenciones potenciando su eficacia, pero esto no quiere decir que la persona no tenga que esforzarse para cambiar.
  • Todo lo que aparece en la hipnosis no es necesariamente verdad. No importa demasiado que esos recuerdos no sean fieles a la realidad, porque lo que afecta al sujeto no es lo que le pasó realmente, sino su recuerdo, esa invención o experiencia subjetiva. Es su verdad.
  • La hipnosis no es peligrosa, siempre que se realice por un profesional. Está desaconsejada por ejemplo en trastornos como la psicosis o la esquizofrenia.

 

El terapeuta ayuda con la hipnosis a que el paciente pueda focalizar su mente, a llegar a un nivel más profundo de conciencia. Es como cuando estás en un concierto y llega un momento en el que te has olvidado de las personas a tu alrededor y estás concentrado sólo en la canción y en cómo te hace sentir, en fluir con la música. Lo demás queda fuera.

 

Aunque la aplicación más conocida de la hipnosis clínica quizá sea la del tabaquismo, ha demostrado su eficacia para el tratamiento de trastornos psicológicos como la ansiedad o el estrés, así como para la intervención sobre los trastornos psicofisiológicos como el manejo del dolor o trastornos gastrointestinales.

 

Si crees que la hipnosis clínica puede ayudarte, estaré encantada de acompañarte en tu camino.

 

 

 

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Pasos para conseguir tus propósitos de año nuevo, ¡esta vez sí!

“Voy a salir a andar todos los días 10mil pasos”, “este año me saco el first”, “el día 1 de enero empiezo la dieta”, “en cuanto pase Reyes me apunto al gimnasio”, “esta vez dejo de fumar sí o sí”… ¿Te suena alguna de estas frases?

 

Con el cambio de año se suele hacer repaso de lo conseguido y nos planteamos objetivos para los siguientes doce meses, los típicos “propósitos de año nuevo”. Pero la realidad es que sí, que comienzas con muy buenas intenciones y una alta motivación, pero no sabes por qué, al poco tiempo vuelves a los hábitos anteriores.

 

La primera pregunta que yo me hago cuando me doy cuenta que estoy procastinando o que no termino una tarea es “¿por qué me cuesta tanto ponerme con esto?”. Puede parecer una pregunta obvia, pero si eres sincero contigo mismo, llegarás al motivo de tus resistencias. ¿De verdad quieres dejar de fumar o lo haces porque te insiste tu pareja? ¿Quieres ir al gimnasio o preferirías hacer algún otro tipo de deporte? ¿Estás preparado para ponerte a dieta ahora, que sabes que tienes una época de mucho estrés y viajes de trabajo?  ¿Qué sucederá en tu pareja o en tu familia si decides dedicarte más tiempo a ti mismo?

 

Muchos objetivos no se cumplen porque realmente no nos interesan y, sin embargo, nos quitan mucho tiempo y energía. Para conseguir un objetivo, debemos creer que es alcanzable y útil. Toca reorganizar las prioridades y ser honestos con nosotros mismos, y entonces sí, lo siguiente es trazar un plan para lograr nuestras metas. No basta con saber que quieres hacer algo, hay que saber cómo hacerlo. Aquí tienes algunos pasos que te ayudarán a conseguir tus objetivos:

 

1-   ELABORA UN LISTADO DE TUS OBJETIVOS. Coge un papel y un boli o ponte delante del ordenador y haz una lista de todo eso que quieres. Sin pensarlo mucho. Escribe lo que vaya saliendo. Sé que esto parece fácil, pero también sé que puede dar mucha pereza y que quizá pasen días hasta que te pongas con la tarea.

 

2-      ESTABLECE PRIORIDADES. Cuando tengas el listado, el siguiente paso es ordenar los objetivos, poniendo primero el que te veas más capaz de conseguir.

 

 

3-      ENUNCIA LOS OBJETIVOS DE FORMA POSITIVA. Es más fácil irse acercando a lo que uno quiere que alejarse de lo que no quiere. El cerebro no entiende el “no”. Si te digo “no pienses en un elefante”, ¿qué es lo que sucede? Cualquier cosa a lo que uno se resiste, persiste. Es una de las razones por las que dejar de fumar o cualquier mal hábito es tan difícil: hay que pensar en fumar para dejar de hacerlo. Así que vuelve a coger el listado y quita todos los “no” que hayas escrito.

 

4-      IMAGINA. A partir de aquí, eliges el primer objetivo de la lista y te imaginas habiéndolo conseguido. Este paso es fundamental. No podemos realizar algo si antes no lo hemos imaginado. Cierra los ojos y construye una imagen de cómo estarás cuando hayas conseguido tu objetivo. Enriquécela con todos los detalles posibles: colores, olores, sonidos, sensaciones… Qué ropa llevas, cómo es el sitio donde estás, cómo te sientes. Y graba en tu mente esa escena junto a ese sentimiento, te servirá como motivación a lo largo del proceso.

 

5-      HAZ QUE TU OBJETIVO SEA CONCRETO. Los objetivos no pueden ser genéricos tipo “voy a cuidarme más” o “hacer más ejercicio”. Ahora vuelve al papel o al ordenador y contesta a las siguientes preguntas:

  • ¿Está bajo mi control o necesito la colaboración de otra persona para alcanzarlo? Cuanto más dependa de ti, más fácil será conseguirlo. A veces, necesitarás la ayuda de un profesor, un psicólogo, etc. Si necesitas ayuda de otros, escribe cómo la conseguirás.
  • ¿Cómo sabré que lo he logrado? ¿Qué veré, escucharé o sentiré?
  • ¿Tengo los recursos para iniciar y mantener el objetivo? Si no los tengo, ¿cómo voy a obtenerlos?  Estos recursos pueden ser internos (habilidades específicas) o externos.
  • ¿Mi objetivo tiene el tamaño adecuado? Si es demasiado grande, quizá puedas dividirlo en hitos más pequeños. Si es demasiado pequeño, podría parecerte muy trivial y poco motivador. Para aportar un poco de energía a esto, debes establecer una relación con un objetivo mayor. Por ejemplo: organizar el despacho que tienes en tu nueva casa tras el divorcio puede ser el primer paso para encontrarte mejor y empezar a escribir como siempre habías querido.
  • Si consigo el objetivo, ¿qué cambios puede que haya en mi entorno? ¿Va a haber alguna secuela no deseable? ¿De qué voy a tener que prescindir para alcanzarlo? Todos formamos parte de un sistema, la familia, el trabajo, las amistades y la sociedad en general. Debes asegurarte de que el objetivo está en armonía contigo como persona en tu totalidad.
  • ¿En cuánto tiempo quiero conseguirlo? Establece una fecha de inicio y/o una fecha de fin para tu objetivo.

 

Para ayudarte en el proceso y que te sirva de motivación puedes colocar imágenes, fotos, frases, etc. que ilustren el objetivo, o la hoja con el plan que has escrito. O señalar días clave de tu proceso en un calendario de pared… Como siempre digo a mis pacientes, busca lo que a ti te funcione.

 

Y, por supuesto, es importante celebrar los éxitos conseguidos, premiarte por las metas alcanzadas, antes de plantearte un nuevo reto.

 

“Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”. ¿A qué estás esperando?

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¿Cómo quieres sentirte en Navidad?

“Me gustaría dormirme en noviembre y despertar en febrero”. “Desde que se murió mi padre, el 1 de enero, mi familia no ha vuelto a reunirse por Navidad”. “Es la primera nochevieja desde el divorcio, no sé si voy a poder soportarlo”. Estas son algunas frases que me he encontrado últimamente en la consulta. ¿Qué tiene la Navidad que nos produce tantas emociones encontradas?

 

Por un lado, es la época más ruidosa y luminosa de todo el año y estamos contentos de tener unos días de vacaciones (quien las tenga) y de ver la cara de ilusión de los niños (y los no tan niños) en estas fechas. Nos reencontramos con amigos y familiares que no vemos demasiado a menudo. Planificamos viajes para disfrutar de la nieve o simplemente para celebrar el año nuevo.

 

Pero por otro, hay un porcentaje elevado de gente que siente un estrés en Navidad que no sabe gestionar. Llegamos a la cena nochebuena tras una media de unas tres o cuatro comidas o cenas con amigos, compañeros de trabajo o de clase, etc. A la vez, tenemos que dedicar tiempo (y dinero) a comprar regalos y las tiendas y centros comerciales suelen estar abarrotados.Y los niños ya no tienen colegio y hay que hacer encaje de bolillos para cuadrar sus horarios con los de los padres.

 

Además, esto de juntarse toda la familia a otros les suena bien, pero tú no tienes ganas de ver a ese primo o cuñado con el que no te hablas. Un informe del Centro de Investigación Familiar de la Universidad de Cambridge confirma lo que ya sabemos: en las épocas en las que se produce un contacto familiar superior al habitual, las posibilidades de que estalle algún conflicto aumentan exponencialmente, hasta el punto de provocar rupturas en el contacto entre padres e hijos. El estudio señala que las navidades son la época más difícil del año, seguidas por los cumpleaños, las fiestas con otras familias, los funerales, el Día del Padre o el Día de la Madre y el mes de diciembre en general.

 

Pero estas fechas no generan sólo ansiedad o estrés. Muchas personas sienten una gran tristeza en Navidad. Son fechas en las que nos acordamos más de los que no están, bien por una ruptura sentimental, porque que la familia está lejos o por la muerte de alguien cercano en los últimos meses.

 

Hay que tener en cuenta además que hay personas que se ven afectadas por el Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Aunque estamos teniendo un invierno con temperaturas mucho más cálidas de lo habitual, los días son más cortos y tenemos menos horas de luz natural, lo que provoca que nuestro cerebro disminuya los niveles de serotonina y melatonina, encargados de regular los ciclos de sueño y vigilia y el estado de ánimo.

 

 ¿Qué puedes hacer si sufres de estrés o tristeza en Navidad?

 

  • No hay que estar feliz a todas horas. En estas fechas parece que todo a nuestro alrededor es alegría y la gente se siente obligada a estar contenta. Sin embargo, una buena gestión de nuestras emociones implica sentir la emoción adecuada a cada momento. Date permiso para sentirte triste, pero intentando no aislarte.
  • Deja que la vida te sorprenda, no adelantes lo que va a pasar. No te predispongas para lo malo. Quién sabe, ¡igual este año es diferente!
  • Presta atención a tu cuerpo, aprende a identificar en qué momento está empezando a sentir ansiedad o enfado. Busca un antídoto que te funcione, por ej: si sientes que te estás enfadando por algún comentario o que empieza una discusión en la mesa, puedes levantarte al baño o a la cocina y aprovechar para respirar profundamente unas cuantas veces, o distraerte fregando los platos…
  • Aprovecha los momentos que no estás en familia para realizar actividades placenteras o desestresantes: deporte, lectura….
  • Al menos una vez al día, pon el foco en lo que tienes, en vez de en lo que no tienes. Cuando venga un pensamiento negativo tipo “no tengo dinero suficiente para los regalos”, “no quiero celebrar nada sin mi exmarido”, etc… dale la vuelta y contrarresta esos pensamientos con algo positivo. Al principio este cambio igual te cuesta, pero seguro que tienes cosas por las que sentirte agradecido. (¡Y esto es muy útil para el resto del año también!) 

 

Las navidades tienen algo simbólico: se muere un año y nace otro. Es un momento de reflexión, de dejar atrás lo que nos hace daño y de abrirnos a nuevos retos y oportunidades. A mí me gusta empezar el año nuevo sin asuntos pendientes. ¿Y a ti?

 

 

 

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Los hombres y su autoestima

Uno de mis últimos posts, “Qué ves cuando te miras al espejo”, trataba sobre la falta de autoestima y cómo los complejos físicos pueden derivar en trastornos graves. Al escribirlo me dí cuenta que dejaba fuera al sector masculino y lo hablé con gente de mi entorno. Tras varias charlas sobre el tema, me propuse a mi misma el reto de investigar cómo influye la apariencia física en la autoestima de los hombres. Pregunté a mucha gente y recibí testimonios muy interesantes y muy valientes. Iré entrecomillando algunos a lo largo de este post. Vaya por delante mi agradecimiento a todos los que me escribisteis o dedicasteis un rato a hablar conmigo del tema, he aprendido mucho de esta experiencia.

Lo primero, un análisis estadístico: recibí 17 testimonios de hombres (hablé también con bastantes mujeres). Esto no pretende ser una investigación rigurosa y sé que parto de una muestra sesgada: hombres entre 28 y 59 años (solo dos de ellos superan los 40), todos españoles y sólo uno de ellos homosexual.

De estos 17, a la pregunta de si su físico afecta a su autoestima, las respuestas han sido:

  • 4 que sí
  • 8 que no
  • 3 que antes sí pero ahora no
  • 2 que consideran que sí existe presión por seguir unos cánones estéticos, pero no se pronunciaron en cuanto a su caso personal

Sin embargo, de los 4 que dicen que sí les afecta, solamente a dos les limita de en cierta medida en su día a día, al tenerlo muy presente en sus relaciones sociales y familiares.

En cuanto a la presión de los medios de comunicación por imponer a los hombres un modelo determinado de belleza, la mayoría de los testimonios afirman que efectivamente, existe cierta presión, pero “probablemente sea menor y convivamos mejor con ella” (Jorge, 32 años). Daniel (35 años) comenta: “A nivel global sí tratan de presionar para que todos tengamos un mismo patrón… toda la gente que sale en la tele son de un corte, la ropa que se diseña es para un tipo de persona, se idolatra a los deportistas y modelos….”. Samuel (35 años) dice que la presión mediática “en términos generales la verdad que es bastante alta, cada vez más en auge, pero todo va en función de hasta dónde queremos que esto nos afecte”.

Se ve clara la diferencia entre hombres y mujeres, debido a la educación desde la infancia: “Las niñas se preocupan desde la más tierna infancia por su aspecto y la belleza y la apariencia estética forman parte de sus juegos y de la forma en que se interrelacionan con las demás niñas, algo que no pasa con los niños”(Francisco, 42 años). Tania lo ve con sus mellizos, de 5 años: el niño juega con monstruos y le da igual la ropa y la niña juega a probarse zapatos y vestidos.

También destacan la diferencia entre generaciones: “Creo que es un asunto que se vive de una forma muy distinta según las generaciones y que esta presión, en la gente más joven se produce de una forma más agresiva y similar a la que experimentan las mujeres” (Francisco, 42 años). Mercedes, que es médico de cabecera, añade que “los trastornos relacionados con la imagen corporal y el control de impulsos se van a empezar a diagnosticar cada vez más en hombres”.

Se observa también la diferencia del mundo heterosexual con el mundo gay, donde “es mucho más habitual hablar de ejercicio o de dietas o cuidarse. El tener un buen físico te da cierto estatus” (Mario, 26 años). Y la presión puede ser mayor en determinados gremios, como el de los actores, donde “la presión es bastante alta, por ejemplo, por no estar calvo o por tener músculos, solo que no se reconoce” (Pablo, 35 años).

Los complejos más citados son la calvicie y la falta de músculos o el peso: “No he sido capaz de quitarme la camiseta para entrar en la piscina durante años, pero he llegado a una edad en la que me importa todo menos” (Rafael, 40 años). “Conozco a muchos hombres que hacen de todo para combatir la evidencia de ser calvo” (Antonio, 40 años)

Los hombres compensan, dentro de su autoestima, la parte física con otras cualidades: “en vez de sufrir como vosotras por nuestro físico, lo sobrecompensamos ganando más dinero o siendo más listos” (Carlos, 28 años). “ Sí que hay presión pero aún está la creencia de que siendo hombre, puedes estar con alguien sin estar bueno porque tienes otras cosas” (Óscar, 38 años).

Para los hombres el cuidado físico tiene más bien que ver con el disfrute del deporte o el sentirse en forma. “Siento la necesidad de hacer deporte y cuando hace tiempo que no practico, me siento peor y lo noto en mi autoimagen” (Juan, 25 años). Aunque Emilio (58 años), hace una pregunta que lanzo aquí: ¿Por qué hay tantos hombres en los gimnasios, es por salud?

La conclusión es que efectivamente, a los hombres también les influye su apariencia física en su autoestima, pero en menor medida que a las mujeres, al menos si hablamos de los que han pasado la treintena. Y la gran diferencia radica en que, en general, ellos no lo expresan tan abiertamente o no lo hablan en su entorno cercano.

Me gustaría terminar con una reflexión de Sergio (38 años): “El hombre de hoy, el de 2015, quiere sentirse bien consigo mismo y con los demás. Nos gusta gustar y nos gusta gustarnos. Dicho esto, y es apenas una reflexión al aire, creo que además de moldear nuestros cuerpos para retrasar que la edad escarbe y haga su trabajo, los hombres de hoy contamos con muchísimas otras armas que nos acercan a la serenidad, al éxito (entendamos el éxito en sus distintas acepciones), a la belleza: un cuidado extremo por la ortografía, por el uso de palabras adecuadas, puede decir mucho de nosotros más allá de una musculatura de gimnasio; una sensibilidad hacia los más débiles y la ternura hacia los bebés y los más mayores pueden ayudarnos a colorear nuestro ideal de belleza.  En fin. Que sí al gimnasio, a cuidarnos lejos de marcas y maratones en tiempo récord, pero sí también a cultivarnos por dentro, a mimar a los demás con notas de amor y afecto, a leer apoyados en un árbol, a disfrutar de una terraza y de la conversación con los nuestros. Nuestra belleza es un árbol compuesto de multitud de ramas y solo una de ellas atañe a nuestro físico. Ojalá fuéramos también esclavos de lo intangible.”

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¿Cómo pasas tus vacaciones?

Estos últimos meses han sido muy intensos para mi. Por un lado está mi trabajo con los pacientes y por otro, me puse como reto terminar la web, abrir un blog y lanzarme al mundo de las redes sociales, actividades que han necesitado de un tiempo y esfuerzo extra por mi parte. Pero ha merecido la pena, sin duda. Eso sí, voy a compensarlo con unos días de vacaciones. Puedo imaginarme ya frente al mar, disfrutando de unos días de relax, lectura, amigos, familia…..

Me viene ahora a la cabeza una escena de la película Her. Por si no la habéis visto, algo que os recomiendo hacer, os cuento que el protagonista, un Joaquin Phoenix estupendísimo en el papel, se enamora del sistema operativo de su ordenador, basado en inteligencia artificial (sí, se enamora). Vamos, que tiene la novia perfecta, hecha a medida para él, solo que es una voz a través de su ordenador.

Una de las escenas que me llamó mucho la atención cuando vi la película fue una en la que el protagonista está en una boca de metro y todo el mundo que pasa por su lado va mirando hacia abajo, a su móvil, supuestamente hablando con sus respectivos sistemas operativos.

¿Por qué os cuento esto? Porque creo que las vacaciones son un buen momento para desconectar de la tecnología. Nosotros, de momento, no tenemos parejas artificiales hechas a medida, pero sí que somos cada vez más adictos a los dispositivos móviles. Vamos mirando hacia abajo en el tren, el metro o incluso mientras andamos por la calle. Muchas personas, lo primero y lo último que hacen en el día es mirar sus perfiles en redes sociales. Ya casi nadie llama, nos comunicamos por whatsapp. Nos preocupamos más de hacer la foto de la puesta de sol para subirla a facebook que de disfrutarla. Incluso hay gente que se molesta o entristece si no consigue muchos “me gusta” a esas fotos.

Os animo a aprovechar las vacaciones para dejar un poco de lado los móviles, tablets y demás. A alimentar la curiosidad, a leer, a viajar, a hablar con alguien desconocido, a hacer algo diferente. A escuchar más al cuerpo. A mirar menos hacia fuera y más hacia dentro. A bailar. A comer mejor, incluso a dedicar tiempo a preparar nuevas recetas, o a cocinar para alguien. A bañaros desnudos. A disfrutar de los paisajes, olores, sonidos…. Os animo a romper con las estadísticas que dicen que en vacaciones las parejas se separan más porque se dan cuenta que no se aguantan. A jugar con vuestros hijos, si es que tenéis. A bajar las revoluciones del resto del año. A recargar pilas y a reflexionar sobre cómo vais a retomar el nuevo curso. A planificar, porque este septiembre sí, por fin, vais a dejaros de excusas y empezaréis con esas clases de cocina, yoga, francés, o lo que sea que cada uno queráis.

Yo tengo en mente ya algún proyecto interesante, eso sí, tendrá que esperar a Septiembre, ¡porque en dos días empiezan mis vacaciones! Gracias por vuestro apoyo estos meses, volveré con energías renovadas :-)

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¿Qué ves cuando te miras al espejo?

En estos últimos días me he encontrado con dos amigas que hacía tiempo que no veía. Una  de ellas ha tenido 4 hijos y la otra 3 en poco tiempo. Y las dos tardaron menos de 10 minutos en sacar el tema de lo que han engordado en estos últimos años, tras la maternidad. Dicho sea de paso, una hablaba de 2 tallas de más y la otra, de 10 kilos, pero, sinceramente, yo las veo igual que como las recordaba.

Aunque es verdad que la sociedad va cambiando poco a poco y que hay iniciativas estupendas que quieren romper con los estereotipos de belleza impuestos (como por ejemplo, el trabajo de la fotógrafa Jade Beall, que puedes ver en www.jadebeall.com), las mujeres tenemos mucha presión por  cuidar nuestra imagen de cara al exterior.

Me gustaría recordar un vídeo de dove en el que se ve cómo las mujeres somos nuestras peores críticas:

 

Las quejas sobre la baja autoestima basada en la imagen y los complejos me llegan de todo tipo de mujeres, flacas, gordas, altas, bajas, etc…. Siempre me ha llamado la atención cómo las mujeres nos machacamos a nosotras mismas por nuestra apariencia. Y esto empieza desde muy pequeñas. Y sí, perdonadme, pero en este post voy a hablar más en femenino. Sé que también algunos hombres sufrís por no llegar a ser como esos otros de las revistas o la televisión, por vuestra calvicie o falta de músculos, por ejemplo. De hecho, estoy investigando sobre ello y espero escribir algo en breve.  Pero la presión social y mediática hacia las mujeres en estos momentos sigue siendo mayor. O quizá, además, las mujeres expresan estos complejos más abiertamente.

Muchas mujeres intentan disimular su baja autoestima o sus complejos, con maquillaje, determinado tipo de ropa, o incluso cirugía. Pero hay una línea muy fina que si se traspasa, puede generar graves problemas y convertirse en una patología.

Cuando mides 1,70 y pesas menos de 50 kilos es imposible objetivamente que estés gorda. Cuando todo el mundo a tu alrededor te dice que tu nariz es preciosa, dudo mucho que realmente tengas esa nariz de pinocho que crees tener. Pero lo importante aquí es que es tu realidad. Una realidad distorsionada y que puedes aprender a cambiar.

Dismorfofobia

La dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal (TDC) es un trastorno mental que genera una imagen distorsionada del propio cuerpo. Se diagnostica a aquellas personas que son extremadamente críticas de su físico o imagen corporal a pesar del hecho de no tener un defecto o deformación que lo justifique. Algunas características de este trastorno son:

  • Es más probable que comience en la adolescencia, aunque se puede dar en todas las edades.
  • Se da más en mujeres que en hombres, y su origen está relacionado con factores hereditarios, de tipo genético, y también culturales.
  • Aparece en personas con baja autoestima, muy perfeccionistas y ansiosas.
  • Puede afectar a cualquier parte del cuerpo, pero hay algunas más frecuentes que otras: nariz, muslos, barbilla, pelo, rostro, y también en general a aquellas partes relacionadas con las curvas del cuerpo femenino. En hombres, se centra más en la musculatura. El 80% de estos pacientes cree tener afectadas varias partes del cuerpo.
  • Son frecuentes las conductas de comprobación del defecto, esto es, mirarse repetidamente en el espejo, pesarse o medirse varias veces al día, etc.

Cuando toda tu vida gira en torno a los defectos físicos, corres gran peligro de aislarte de los demás. Además, el tiempo que las personas con dismorfofobia consumen con estas preocupaciones incide seguro de alguna manera en sus estudios o en su vida laboral.

En muchos casos, la persona se somete a intervenciones de cirugía estética innecesarias, las cuales no suponen una solución, pues la nunca llega a estar contenta con el resultado de la operación.

Cuando alguien se centra sólo en sus defectos físicos, puede generalizarlo y creer que no es digno de ser amado como persona o respetado por los demás. En casos extremos, se puede llegar a la depresión, e incluso al suicidio.

Las personas con dismorfofobia necesitan atención psicológica para trabajar en la mejora de su baja autoestima y la relación con su cuerpo y su imagen.

Si crees que sufres  este trastorno, con ayuda puedes conseguir que tu autoestima no se centre sólo en tu evaluación física. Como siempre digo, hay que cambiar el foco de atención hacia tus aspectos positivos.

Lo importante es que no te limites a ti misma/o, que no te pierdas ningún plan que te apetezca sólo por enfocarte más en tu complejo que en el deseo.  

Termino este post con una reflexión que leí hace tiempo ya no recuerdo dónde: ¿Cómo conseguir un cuerpo perfecto para ir a la playa? 1- tener un cuerpo y 2- ir a la playa.

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Rivalidad entre padres e hijos

Jaime acude a consulta porque ha llegado al límite. El Presidente de su empresa, del que Jaime es mano derecha, le ha dado un ultimátum: o cambia su actitud o tiene los días contados. Jaime tiene 42 años y es arquitecto, hijo y nieto de arquitectos de renombre. Nadie puso en duda que estudiaría arquitectura, ni siquiera él se permitió imaginar otras opciones. Fue un estudiante ejemplar y empezó a trabajar en cuanto se licenció. Pero allá donde iba todos le trataban como “el hijo de”. Al principio eso le gustaba, pero con el tiempo acabó odiándolo. Siempre a la sombra de su padre, siempre compitiendo de alguna manera para ser mejor que él, para demostrar a su padre y a todo su entorno que es el mejor en su trabajo. Esto le ha ido suponiendo a lo largo de los años un estrés adicional al que tiene en su día a día y ha hecho que su carácter se vaya enrareciendo. Se ha convertido en un jefe déspota. Ya no se fía de nadie, nadie es lo suficientemente bueno y si puede, pisa a los demás para llevarse él los laureles.

Puede que conozcas algún caso parecido al de Jaime. Encontramos ejemplos también en el cine o la literatura. Estoy segura de que a nadie le gustaría tener una relación como la que mantiene el personaje de la serie Juego de Tronos Tyrion Lannister con su padre, el todo poderoso Tywin. Portador de enanismo, Tyrion pasa toda su vida a la sombra del padre, cuyos logros cree que nunca será capaz de alcanzar. No cuento cómo termina la rivalidad, para no hacer spoiler :-)

Complejo de Alejandro

Lo que les pasa a Jaime y Tyrion se denomina en psicología “complejo de Alejandro”.

El complejo de Alejandro hace referencia al resentimiento del hijo contra el padre, ya que el padre no deja avanzar al hijo hacia sus propios triunfos o logros profesionales.

Este complejo debe su nombre de Alejandro Magno. Su padre, Filipo II, fue un gran conquistador. Se cuenta la anécdota de que Alejandro, al enterarse de los triunfos de su padre en las campañas militares, exclamó con ira: “Mi padre no me deja ya nada por conquistar”. Para Alejandro, su padre era un rival al que tenía que superar a toda costa.

En la Terapia de Interacción Recíproca, que es la escuela de la que yo parto, hablamos de “hijo espejo”, que es el que no tiene identidad propia, sino que sirve de espejo en el que se mira su padre. Este tipo de hijos suelen tener la profesión del padre o de la madre. Son niños a los que les faltó el amor incondicional, a los que ya desde los primeros años de vida se les admiró solamente por sus logros, no por su persona.

Pero en alguien con complejo de Alejandro, se une a lo anterior que todo lo que intenta conquistar ya estaba conquistado antes por su padre. No tiene méritos propios, siempre será “hijo de”. Incluso en algunas ocasiones, su propio padre no permite, de manera sutil, que su hijo le supere.

Las personas con complejo de Alejandro tienen un gran sentimiento de inferioridad, que se une a que no saben manejar la envidia. Si además resulta que son personas con poder o influencia, pueden llegar al extremo  de convertirse en personas déspotas o crueles con los que tienen a su cargo. Al tener como referente a un padre exitoso, va aumentando su inseguridad, que muchas veces se esconde, aunque pueda parecer contradictorio, tras actitudes de superioridad.

Si te has sentido identificado con Jaime, sabrás que es muy difícil deshacerse de este complejo, ya que hablamos hombres a los que no se os ha permitido tener deseos o iniciativa propios, por lo que si te alejas de lo que se espera de ti, se activan todas tus alarmas internas. Corres el riesgo de quedarte fuera del clan, con todo lo que eso conlleva. Lo primero, como siempre, es darte cuenta que tienes un problema. Lo mejor es cambiar el foco. En vez de enfocarte en lo que te falta para llegar a ser como tu padre, enfocarte en todo lo que tienes de positivo y en lo que te hace especial y único sin necesidad de competir. Y después, decidir si quieres seguir con la vida y el trabajo que llevas o es el momento de parar y redirigir tu carrera hacia algo más coherente contigo, no con lo que en un momento te dijeron que tenías que ser. De esta manera, podrás “destronar” a tu padre y empezar a reescribir el guión de tu vida. 

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¿De verdad quieres dejar de fumar?

 

Podría empezar este post diciendo que el tabaco mata al año a más de 5 millones de personas en el mundo. O que fumar daña el cerebro, estropea la piel, o que produce cáncer. Pero supongo que si estás leyendo esto ya tienes toda esa información, ya sabes que fumar es malo para salud. Y supongo también que probablemente hayas intentado dejar de fumar en varias ocasiones con mayor o menor éxito.

¿Por qué a pesar de que eres consciente de que fumar perjudica tu salud e incluso la de los que te rodean no eres capaz de dejarlo? Hay varias razones por las que dejar de fumar es tan difícil:

  • Fumar tiene beneficios secundarios asociados. Sí, puede que fumar te sirva para calmar los nervios o la ansiedad. O que fumar te produzca placer, como por ejemplo, cuando haces un descanso en el trabajo o en tus rutinas para “echar un cigarro”, o cuando fumas los fines de semana mientras estás de fiesta o de cañas con los amigos.

  • Mucha gente asocia dejar de fumar con el miedo a engordar o el miedo al síndrome de abstinencia por la dependencia física al tabaco.

  • Si llevas un tiempo fumando, se ha podido convertir en una conducta que realizas de forma automática, que haces ya casi sin darte cuenta, por inercia.

Si ya has intentado dejar de fumar otras veces y no lo has conseguido quizá estés desmotivado y sientas que no vas a conseguir nunca abandonar el tabaco. Todos necesitamos el permiso para fracasar. Pero si realmente quieres dejar de fumar, necesitas una estrategia.

La dependencia física al tabaco tiene una duración corta, pero la dependencia psicológica es la que le puede llevar a recaer. Por ello, en este proceso es fundamental la presencia de un psicólogo para guiarte y ayudarte a conseguir tu objetivo.

Hipnosis clínica para dejar de fumar

Los fumadores creen que necesitan el cigarrillo para superar momentos de ansiedad, tristeza, etc. Fumar se va asociando gradualmente a consecuencias positivas, y esta creencia se integra en el subconsciente. Es fundamental para el éxito del tratamiento acceder a esas creencias también a nivel subconsciente y cambiarlas por otras más adaptativas, para lo cual la hipnosis clínica es un método muy eficaz. Además, la hipnosis ayuda a:

  • Llegar a las causas subconscientes que mantienen el hábito de fumar.

  • Activar tus recursos internos para superar la adicción psicológica.

  • Crear una imagen de tu “yo futuro no fumador” que te motive para no abandonar el proceso.

Sin embargo, la hipnosis clínica no es magia, sólo te ayudará a dejar de fumar si pones de tu parte, empezando por estar convencido de querer dejar de fumar y estar comprometido con el cambio.

En las sesiones hablaremos sobre tu estilo de vida, sobre qué te genera ansiedad, qué te asusta, cuáles son tus motivaciones, etc. Es importante volver al momento en el que empezaste, cuándo y cómo comenzó el hábito de fumar, lo que recuerdas de aquel primer cigarrillo fumado y por qué decidiste seguir a pesar de que fue horrible. Y también, por supuesto, analizaremos cuánto fumas en la actualidad y a qué creencias y emociones tienes asociado el hábito de fumar.

Para tener éxito con cualquier tarea, debes creer que eres capaz de hacerla, de otra manera, no te involucrarás en conseguirla. También debes creer que te mereces hacerla y estar dispuesto a invertir toda la práctica y preparación necesarias. Y creer que vale la pena hacerlo. ¿Qué te motiva para dejar de fumar?

Te propongo dos ejercicios para que empieces a trabajar en dirección a la meta de ser una persona no fumadora:

  • Durante unos días, olvídate de las prohibiciones, de “dejar de fumar”, del “o todo o nada”, de la culpabilidad. Y cambia todo eso por fumar cada cigarrillo con consciencia. Desde que lo enciendes hasta que lo terminas. Fíjate a qué sabe, cómo huele, como sientes el tacto del cigarro entre tus dedos, cómo entra el humo en tus pulmones, cómo sale de tu boca… Al principio te resultará difícil pero sigue practicando hasta que lo consigas y verás cómo se van produciendo cambios casi sin que te des cuenta.

  • Escribe una “carta de despedida” a tu yo fumador, en la que, tras agradecerle los servicios prestados, detalles las razones por las que quieres prescindir de él. Una variante de esta carta es que sea una “carta de despido”, o incluso una “declaración de guerra”, lo que más te encaje.

Tú ya tienes dentro de ti las herramientas y recursos para dejar el tabaco atrás, estaré encantada de ayudarte a encontrar la estrategia adecuada para conseguirlo.

 

 

Luz

Las casualidades no existen

Aunque muchos crean que los psicólogos tenemos que ser impermeables a las realidades que tocamos durante el ejercicio de nuestra profesión, esto no es así. Estamos constantemente aprendiendo. Nuestras experiencias fuera y dentro de la consulta nos ayudan a ser mejores profesionales. La terapia es una interacción recíproca, donde acompañamos a los pacientes y también aprendemos con ellos.

Sí, creo que las cosas importantes nos pasan por algún motivo, aunque a veces cuesta entenderlo y más a corto plazo. Por esto, yo prefiero ver los problemas como oportunidades. 

Hay un dicho que me viene a la cabeza: “no hay mal que por bien no venga”. Sé que este es un tema bastante conflictivo. Es difícil defender esta postura cuando lo que pasa en tu vida es algo doloroso o negativo. Por ejemplo: para M.D. (pongo siglas para mantener la confidencialidad), el ictus que sufrió hace unos años fue lo que hizo que, tras su recuperación, comenzara a llevar la vida que quería en vez de dejarse arrastrar. La muerte de la madre de C.P. le hizo darse cuenta que no quería pasar más tiempo estudiando la oposición. Que el novio de toda la vida dejara a F.M., hizo que ella empezara a pensar en sí misma y se priorizara ante una idea infantil de lo que debería ser el amor, que le llevó a ser muchos años dependiente de otra persona, sin preocuparse de lo que ella realmente quería hacer.

Hoy quiero rendir un homenaje, desde lo más profundo de mi corazón, a una mujer que he conocido estos días: María Pilar. Creo que algunas personas aparecen en un momento dado en tu vida para que aprendas algo, para cubrir una necesidad, o incluso para que tu vida cambie. A mí me pasó. Pero esa es otra historia.

María Pilar tiene 80 años y está en la habitación 303 de un hospital del norte, rodeado de montañas, recuperándose de una operación de rodilla. Ahora que lo pienso, siempre me han gustado los capicúa. María Pilar es una señora guapa, rubia, coqueta, que se echa unas cremas que aprendió a hacer ella misma y que se sigue pintando los labios todos los días, aunque esté ingresada. Pero María Pilar es más de lo que se ve a simple vista.

María Pilar fue una mujer adelantada a su tiempo. Una mujer que decidió irse de casa con 6 hijos porque un día dejó de justificar a su marido. Aunque en el pueblo la miraran mal, porque en esa época, no se abandonaba a los maridos, por muy malos que fueran. Una mujer que luchó por su matrimonio y que en un momento, puso límites y dijo “hasta aquí”. Pero también supo perdonar y dar una segunda oportunidad, que en este caso, le salió bien. María Pilar encontró la ayuda de dos personas muy importantes, aquel médico que dio con la clave para ayudar a su marido (perdón María Pilar, que los nombres no se me graban en la memoria como a ti), y aquel cura que le dijo que en su situación, tomar la píldora estaba más que justificado (es que, ingenua ella, pensaba que necesitaba un salvoconducto de la iglesia para pedirla).

María Pilar tiene una hija que pasa las noches con ella en el hospital. Una mujer que no tuvo un marido alcohólico, pero sí uno que la pegaba. Una mujer que aprendió a decir “basta” y que ha ido recuperando su esencia y su autoestima poco a poco. Una mujer que lucha porque las carencias y las heridas que puedan tener sus hijos por haber vivido con un padre así, dejen una cicatriz lo más pequeña posible.

¿Y por qué digo que las casualidades no existen? Porque en la otra cama de la habitación 303 está una chica que hace relativamente poco tiempo que ha decidido dejar de tener miedo de su ahora ex-marido. Y que se ve reflejada en las palabras de María Pilar y de su hija. Qué potente es cuando te ves a ti misma a través de los ojos de una mujer de 80 años que ha pasado antes por lo mismo o algo parecido a lo que pasas tú . Cuando las noches de charla en el hospital te confirman que has hecho bien, y que sí, que vas por buen camino.

Quiero que este post sirva para rendir homenaje a María Pilar y a todas las mujeres valientes que no se conformaron con el papel que en su momento la sociedad determinaba para la mujer. MUJERES en mayúsculas, comprometidas, activas, con curiosidad por aprender sin importar la edad que tengan. MUJERES que nos han abierto el camino a las que hemos venido detrás.

Y también para decir a las chicas o mujeres que tienen miedo  de sus parejas, que pidan ayuda, que pueden reescribir el guión de sus vidas. Si las mujeres de la habitación 303 pudieron, vosotras también.

comunicación pareja

¿Puedes leer la mente de tu pareja?

Seguramente la respuesta a esta pregunta sea que no, pero que más de una vez te hubiera gustado poder hacerlo porque te habría evitado algún que otro problemilla de comunicación con tu pareja.

Aunque no puedas adivinar los pensamientos del otro, es muy probable que en tu vida tomes decisiones sobre tu relación como si fuera posible hacerlo. Esto es lo que en PNL (Programación Neurolingüística) se llama leer la mente, algo que es el origen de muchos problemas en la comunicación humana en general y de pareja en particular.

Una persona lee la mente de otra cuando dice saber, sin evidencia directa, lo que esa persona está pensando o sintiendo.

Esta lectura de la mente se puede dar en dos direcciones:

  • Cuando una persona supone saber lo que la otra piensa, por ejemplo: “Estaba triste, pero no lo iba a reconocer”. “Sé que lo que he dicho le ha sentado mal”. “Todos piensan que soy tonto”. También se da cuando pensamos que los demás son como nosotros mismos y reaccionan a las diferentes situaciones como nosotros lo habríamos, de ahí la famosa expresión de “cree el ladrón que todos son de su condición”.
  • Cuando le damos el poder a otras personas de leer nuestra mente, por ejemplo: “Si me conocieras, sabrías perfectamente cómo me siento”. Este segundo tipo de lectura de pensamiento se usa muchas veces para culpar al otro de que no nos entiende cuando creemos que debería hacerlo.

En consulta me doy cuenta que muchos pacientes dedican demasiado tiempo y energía a leer la mente de su pareja, a hacer presuposiciones. No se atreven a sugerirles algo que les apetece hacer. O se enfadan, se entristecen, etc, porque no consiguen la reacción que quieren en la otra persona. Una comunicación de calidad con tu pareja es fundamental para determinar vuestro futuro juntos. ¿Cómo salir de este bucle en el que muchas veces nos metemos por leer la mente? Aquí está la receta mágica:

PREGUNTA

+

PIDE

Primero, pregúntate a ti mismo: ¿Cómo lo sé? ¿No estaré generalizando? ¿Hay otros puntos de vista o explicaciones posibles?

Y después, pregunta a tu pareja. Busca el momento más adecuado, en el que estéis a solas y tranquilos. Dile cómo te sientes (sin buscar culpables) y pregunta directamente sobre aquello que estás haciendo las presuposiciones. Por ejemplo, un paciente me comentó una vez que creía que estaba agobiando a su pareja porque quería tener hijos, pero la realidad es que hacía muchos meses que no hablaban del tema y él no se lo había preguntado directamente.

Sé que esto es difícil, sobretodo la parte de pedir. Puede que no sepas expresar tus deseos, o incluso que sientas que no te mereces hacerlo. O quizá te han enseñado que las mujeres tienen que ser sumisas, o que los hombres fuertes no muestran sus sentimientos… Cada uno hemos vivido una serie de experiencias que hacen de filtro a la hora de comunicarnos con los demás. El primer paso para mejorar la comunicación con tu pareja es darte cuenta de estos filtros.

Te propongo un sencillo ejercicio para empezar a pedir a tu pareja, que a la vez seguro que os ayuda a recuperar aspectos positivos de la relación que quizá se habían ido abandonando, por el motivo que sea.

El bote de los deseos

Cada miembro de la pareja prepara su propio bote de los deseos, con diez deseos escritos en papelitos de colores. Los deseos deben ser concretos y fáciles de cumplir por la otra persona. Tienen que estar formulados en positivo. Por ejemplo: “No fumar en casa” podría formularse mejor “fumar en la terraza”. O “Que me des un beso de buenas noches antes de dormir”.

La tarea consiste en que cuando un miembro de la pareja desee cumplir un deseo al otro, puede abrir el bote y coger un papel. Si cumple el deseo, tira el papel. Si en ese momento no le apetece realizarlo o no puede, lo devuelve al bote y coge otro. Cada uno tiene que estar atento a que en su bote haya siempre diez deseos.

De esta forma, la pareja recupera el pedir de una forma abierta al otro.

Una variante de este “juego” es el “bote de deseos sexuales”, o realizar un “talonario sexual”

¡Desde aquí os animo a crear vuestro propio bote de los deseos! Leer más