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Los hombres y su autoestima

Uno de mis últimos posts, “Qué ves cuando te miras al espejo”, trataba sobre la falta de autoestima y cómo los complejos físicos pueden derivar en trastornos graves. Al escribirlo me dí cuenta que dejaba fuera al sector masculino y lo hablé con gente de mi entorno. Tras varias charlas sobre el tema, me propuse a mi misma el reto de investigar cómo influye la apariencia física en la autoestima de los hombres. Pregunté a mucha gente y recibí testimonios muy interesantes y muy valientes. Iré entrecomillando algunos a lo largo de este post. Vaya por delante mi agradecimiento a todos los que me escribisteis o dedicasteis un rato a hablar conmigo del tema, he aprendido mucho de esta experiencia.

Lo primero, un análisis estadístico: recibí 17 testimonios de hombres (hablé también con bastantes mujeres). Esto no pretende ser una investigación rigurosa y sé que parto de una muestra sesgada: hombres entre 28 y 59 años (solo dos de ellos superan los 40), todos españoles y sólo uno de ellos homosexual.

De estos 17, a la pregunta de si su físico afecta a su autoestima, las respuestas han sido:

  • 4 que sí
  • 8 que no
  • 3 que antes sí pero ahora no
  • 2 que consideran que sí existe presión por seguir unos cánones estéticos, pero no se pronunciaron en cuanto a su caso personal

Sin embargo, de los 4 que dicen que sí les afecta, solamente a dos les limita de en cierta medida en su día a día, al tenerlo muy presente en sus relaciones sociales y familiares.

En cuanto a la presión de los medios de comunicación por imponer a los hombres un modelo determinado de belleza, la mayoría de los testimonios afirman que efectivamente, existe cierta presión, pero “probablemente sea menor y convivamos mejor con ella” (Jorge, 32 años). Daniel (35 años) comenta: “A nivel global sí tratan de presionar para que todos tengamos un mismo patrón… toda la gente que sale en la tele son de un corte, la ropa que se diseña es para un tipo de persona, se idolatra a los deportistas y modelos….”. Samuel (35 años) dice que la presión mediática “en términos generales la verdad que es bastante alta, cada vez más en auge, pero todo va en función de hasta dónde queremos que esto nos afecte”.

Se ve clara la diferencia entre hombres y mujeres, debido a la educación desde la infancia: “Las niñas se preocupan desde la más tierna infancia por su aspecto y la belleza y la apariencia estética forman parte de sus juegos y de la forma en que se interrelacionan con las demás niñas, algo que no pasa con los niños”(Francisco, 42 años). Tania lo ve con sus mellizos, de 5 años: el niño juega con monstruos y le da igual la ropa y la niña juega a probarse zapatos y vestidos.

También destacan la diferencia entre generaciones: “Creo que es un asunto que se vive de una forma muy distinta según las generaciones y que esta presión, en la gente más joven se produce de una forma más agresiva y similar a la que experimentan las mujeres” (Francisco, 42 años). Mercedes, que es médico de cabecera, añade que “los trastornos relacionados con la imagen corporal y el control de impulsos se van a empezar a diagnosticar cada vez más en hombres”.

Se observa también la diferencia del mundo heterosexual con el mundo gay, donde “es mucho más habitual hablar de ejercicio o de dietas o cuidarse. El tener un buen físico te da cierto estatus” (Mario, 26 años). Y la presión puede ser mayor en determinados gremios, como el de los actores, donde “la presión es bastante alta, por ejemplo, por no estar calvo o por tener músculos, solo que no se reconoce” (Pablo, 35 años).

Los complejos más citados son la calvicie y la falta de músculos o el peso: “No he sido capaz de quitarme la camiseta para entrar en la piscina durante años, pero he llegado a una edad en la que me importa todo menos” (Rafael, 40 años). “Conozco a muchos hombres que hacen de todo para combatir la evidencia de ser calvo” (Antonio, 40 años)

Los hombres compensan, dentro de su autoestima, la parte física con otras cualidades: “en vez de sufrir como vosotras por nuestro físico, lo sobrecompensamos ganando más dinero o siendo más listos” (Carlos, 28 años). “ Sí que hay presión pero aún está la creencia de que siendo hombre, puedes estar con alguien sin estar bueno porque tienes otras cosas” (Óscar, 38 años).

Para los hombres el cuidado físico tiene más bien que ver con el disfrute del deporte o el sentirse en forma. “Siento la necesidad de hacer deporte y cuando hace tiempo que no practico, me siento peor y lo noto en mi autoimagen” (Juan, 25 años). Aunque Emilio (58 años), hace una pregunta que lanzo aquí: ¿Por qué hay tantos hombres en los gimnasios, es por salud?

La conclusión es que efectivamente, a los hombres también les influye su apariencia física en su autoestima, pero en menor medida que a las mujeres, al menos si hablamos de los que han pasado la treintena. Y la gran diferencia radica en que, en general, ellos no lo expresan tan abiertamente o no lo hablan en su entorno cercano.

Me gustaría terminar con una reflexión de Sergio (38 años): “El hombre de hoy, el de 2015, quiere sentirse bien consigo mismo y con los demás. Nos gusta gustar y nos gusta gustarnos. Dicho esto, y es apenas una reflexión al aire, creo que además de moldear nuestros cuerpos para retrasar que la edad escarbe y haga su trabajo, los hombres de hoy contamos con muchísimas otras armas que nos acercan a la serenidad, al éxito (entendamos el éxito en sus distintas acepciones), a la belleza: un cuidado extremo por la ortografía, por el uso de palabras adecuadas, puede decir mucho de nosotros más allá de una musculatura de gimnasio; una sensibilidad hacia los más débiles y la ternura hacia los bebés y los más mayores pueden ayudarnos a colorear nuestro ideal de belleza.  En fin. Que sí al gimnasio, a cuidarnos lejos de marcas y maratones en tiempo récord, pero sí también a cultivarnos por dentro, a mimar a los demás con notas de amor y afecto, a leer apoyados en un árbol, a disfrutar de una terraza y de la conversación con los nuestros. Nuestra belleza es un árbol compuesto de multitud de ramas y solo una de ellas atañe a nuestro físico. Ojalá fuéramos también esclavos de lo intangible.”

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¿Qué ves cuando te miras al espejo?

En estos últimos días me he encontrado con dos amigas que hacía tiempo que no veía. Una  de ellas ha tenido 4 hijos y la otra 3 en poco tiempo. Y las dos tardaron menos de 10 minutos en sacar el tema de lo que han engordado en estos últimos años, tras la maternidad. Dicho sea de paso, una hablaba de 2 tallas de más y la otra, de 10 kilos, pero, sinceramente, yo las veo igual que como las recordaba.

Aunque es verdad que la sociedad va cambiando poco a poco y que hay iniciativas estupendas que quieren romper con los estereotipos de belleza impuestos (como por ejemplo, el trabajo de la fotógrafa Jade Beall, que puedes ver en www.jadebeall.com), las mujeres tenemos mucha presión por  cuidar nuestra imagen de cara al exterior.

Me gustaría recordar un vídeo de dove en el que se ve cómo las mujeres somos nuestras peores críticas:

 

Las quejas sobre la baja autoestima basada en la imagen y los complejos me llegan de todo tipo de mujeres, flacas, gordas, altas, bajas, etc…. Siempre me ha llamado la atención cómo las mujeres nos machacamos a nosotras mismas por nuestra apariencia. Y esto empieza desde muy pequeñas. Y sí, perdonadme, pero en este post voy a hablar más en femenino. Sé que también algunos hombres sufrís por no llegar a ser como esos otros de las revistas o la televisión, por vuestra calvicie o falta de músculos, por ejemplo. De hecho, estoy investigando sobre ello y espero escribir algo en breve.  Pero la presión social y mediática hacia las mujeres en estos momentos sigue siendo mayor. O quizá, además, las mujeres expresan estos complejos más abiertamente.

Muchas mujeres intentan disimular su baja autoestima o sus complejos, con maquillaje, determinado tipo de ropa, o incluso cirugía. Pero hay una línea muy fina que si se traspasa, puede generar graves problemas y convertirse en una patología.

Cuando mides 1,70 y pesas menos de 50 kilos es imposible objetivamente que estés gorda. Cuando todo el mundo a tu alrededor te dice que tu nariz es preciosa, dudo mucho que realmente tengas esa nariz de pinocho que crees tener. Pero lo importante aquí es que es tu realidad. Una realidad distorsionada y que puedes aprender a cambiar.

Dismorfofobia

La dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal (TDC) es un trastorno mental que genera una imagen distorsionada del propio cuerpo. Se diagnostica a aquellas personas que son extremadamente críticas de su físico o imagen corporal a pesar del hecho de no tener un defecto o deformación que lo justifique. Algunas características de este trastorno son:

  • Es más probable que comience en la adolescencia, aunque se puede dar en todas las edades.
  • Se da más en mujeres que en hombres, y su origen está relacionado con factores hereditarios, de tipo genético, y también culturales.
  • Aparece en personas con baja autoestima, muy perfeccionistas y ansiosas.
  • Puede afectar a cualquier parte del cuerpo, pero hay algunas más frecuentes que otras: nariz, muslos, barbilla, pelo, rostro, y también en general a aquellas partes relacionadas con las curvas del cuerpo femenino. En hombres, se centra más en la musculatura. El 80% de estos pacientes cree tener afectadas varias partes del cuerpo.
  • Son frecuentes las conductas de comprobación del defecto, esto es, mirarse repetidamente en el espejo, pesarse o medirse varias veces al día, etc.

Cuando toda tu vida gira en torno a los defectos físicos, corres gran peligro de aislarte de los demás. Además, el tiempo que las personas con dismorfofobia consumen con estas preocupaciones incide seguro de alguna manera en sus estudios o en su vida laboral.

En muchos casos, la persona se somete a intervenciones de cirugía estética innecesarias, las cuales no suponen una solución, pues la nunca llega a estar contenta con el resultado de la operación.

Cuando alguien se centra sólo en sus defectos físicos, puede generalizarlo y creer que no es digno de ser amado como persona o respetado por los demás. En casos extremos, se puede llegar a la depresión, e incluso al suicidio.

Las personas con dismorfofobia necesitan atención psicológica para trabajar en la mejora de su baja autoestima y la relación con su cuerpo y su imagen.

Si crees que sufres  este trastorno, con ayuda puedes conseguir que tu autoestima no se centre sólo en tu evaluación física. Como siempre digo, hay que cambiar el foco de atención hacia tus aspectos positivos.

Lo importante es que no te limites a ti misma/o, que no te pierdas ningún plan que te apetezca sólo por enfocarte más en tu complejo que en el deseo.  

Termino este post con una reflexión que leí hace tiempo ya no recuerdo dónde: ¿Cómo conseguir un cuerpo perfecto para ir a la playa? 1- tener un cuerpo y 2- ir a la playa.