Entradas

Luz

Las casualidades no existen

Aunque muchos crean que los psicólogos tenemos que ser impermeables a las realidades que tocamos durante el ejercicio de nuestra profesión, esto no es así. Estamos constantemente aprendiendo. Nuestras experiencias fuera y dentro de la consulta nos ayudan a ser mejores profesionales. La terapia es una interacción recíproca, donde acompañamos a los pacientes y también aprendemos con ellos.

Sí, creo que las cosas importantes nos pasan por algún motivo, aunque a veces cuesta entenderlo y más a corto plazo. Por esto, yo prefiero ver los problemas como oportunidades. 

Hay un dicho que me viene a la cabeza: “no hay mal que por bien no venga”. Sé que este es un tema bastante conflictivo. Es difícil defender esta postura cuando lo que pasa en tu vida es algo doloroso o negativo. Por ejemplo: para M.D. (pongo siglas para mantener la confidencialidad), el ictus que sufrió hace unos años fue lo que hizo que, tras su recuperación, comenzara a llevar la vida que quería en vez de dejarse arrastrar. La muerte de la madre de C.P. le hizo darse cuenta que no quería pasar más tiempo estudiando la oposición. Que el novio de toda la vida dejara a F.M., hizo que ella empezara a pensar en sí misma y se priorizara ante una idea infantil de lo que debería ser el amor, que le llevó a ser muchos años dependiente de otra persona, sin preocuparse de lo que ella realmente quería hacer.

Hoy quiero rendir un homenaje, desde lo más profundo de mi corazón, a una mujer que he conocido estos días: María Pilar. Creo que algunas personas aparecen en un momento dado en tu vida para que aprendas algo, para cubrir una necesidad, o incluso para que tu vida cambie. A mí me pasó. Pero esa es otra historia.

María Pilar tiene 80 años y está en la habitación 303 de un hospital del norte, rodeado de montañas, recuperándose de una operación de rodilla. Ahora que lo pienso, siempre me han gustado los capicúa. María Pilar es una señora guapa, rubia, coqueta, que se echa unas cremas que aprendió a hacer ella misma y que se sigue pintando los labios todos los días, aunque esté ingresada. Pero María Pilar es más de lo que se ve a simple vista.

María Pilar fue una mujer adelantada a su tiempo. Una mujer que decidió irse de casa con 6 hijos porque un día dejó de justificar a su marido. Aunque en el pueblo la miraran mal, porque en esa época, no se abandonaba a los maridos, por muy malos que fueran. Una mujer que luchó por su matrimonio y que en un momento, puso límites y dijo “hasta aquí”. Pero también supo perdonar y dar una segunda oportunidad, que en este caso, le salió bien. María Pilar encontró la ayuda de dos personas muy importantes, aquel médico que dio con la clave para ayudar a su marido (perdón María Pilar, que los nombres no se me graban en la memoria como a ti), y aquel cura que le dijo que en su situación, tomar la píldora estaba más que justificado (es que, ingenua ella, pensaba que necesitaba un salvoconducto de la iglesia para pedirla).

María Pilar tiene una hija que pasa las noches con ella en el hospital. Una mujer que no tuvo un marido alcohólico, pero sí uno que la pegaba. Una mujer que aprendió a decir “basta” y que ha ido recuperando su esencia y su autoestima poco a poco. Una mujer que lucha porque las carencias y las heridas que puedan tener sus hijos por haber vivido con un padre así, dejen una cicatriz lo más pequeña posible.

¿Y por qué digo que las casualidades no existen? Porque en la otra cama de la habitación 303 está una chica que hace relativamente poco tiempo que ha decidido dejar de tener miedo de su ahora ex-marido. Y que se ve reflejada en las palabras de María Pilar y de su hija. Qué potente es cuando te ves a ti misma a través de los ojos de una mujer de 80 años que ha pasado antes por lo mismo o algo parecido a lo que pasas tú . Cuando las noches de charla en el hospital te confirman que has hecho bien, y que sí, que vas por buen camino.

Quiero que este post sirva para rendir homenaje a María Pilar y a todas las mujeres valientes que no se conformaron con el papel que en su momento la sociedad determinaba para la mujer. MUJERES en mayúsculas, comprometidas, activas, con curiosidad por aprender sin importar la edad que tengan. MUJERES que nos han abierto el camino a las que hemos venido detrás.

Y también para decir a las chicas o mujeres que tienen miedo  de sus parejas, que pidan ayuda, que pueden reescribir el guión de sus vidas. Si las mujeres de la habitación 303 pudieron, vosotras también.